Paulatinamente nuestra seguridad se ha transformado desde puertas con dispositivos, cercos eléctricos, alarmas, posteriormente vinieron las calles enrejadas, agentes particulares y hasta con resguardo policial dependiendo del poder adquisitivo y el grado de vulnerabilidad.
Hace años algunos decían en tono burlón “solo hace falta separarnos como sociedad “, esto ya ocurrió, con las famosas alambradas para separar distritos de alto riesgo delincuencial y violencia de las zonas de clase media o alta en su desesperado afán de dar un poco de tranquilidad a sus familias.
Es de esperarse que las zonas con menos recursos y pobres hayan quedado a la merced de bandas organizadas, optando por el silencio intimidante, el encubrimiento o arriesgándose individual o en menor grado colectivo a enfrentar peligrosamente este drama delincuencial.
Se escuchan voces continuas de “más presencia policial, más efectivos en las calles, cámaras de seguridad, asociaciones de vecinos para enfrentar este flagelo”, francamente estamos solo tapando hoyos con arena, demasiado superficiales para acabar con un problema víspera a crecer más todavía. Voces de protección mas no prevención.
En cada gobierno solo se han tomado medidas extremas de emergencia a corto plazo, podemos vislumbrar una leve mejoría transitoria pero es necesario hacer mas como familia, sociedad y país.
Nunca olvidare la imagen de una agrupación de personas religiosas en un plaza limeña orando, teniendo alrededor a muchos niños mendigando , dejados por padres drogadictos o delincuentes, al cabo de unos años al volver por el lugar vi a uno de estos niños ya convertido en piraña y luego en asaltante cuando le robo a un taxista su celular con un cuchillo.
Familias de escasos recursos sin una adecuada planificación familiar, teniendo una prole sin responsabilidad alguna o solo para explotarlos aprovechándose de la buena voluntad de los transeúntes, una juventud sin conciencia familiar muchos con niños encargados a parientes o amigos, y así seguir la cadena.
Pandillas donde los adolescentes viven en libertinaje sin ningún lazo familiar que los controle, delincuentes y criminales sueltos en las calles por un sistema de justicia que no funciona, cárceles que en lugar de ser centros de readaptación son lugares de incentivo criminal .
La inseguridad ciudadana se ha convertido en un tema cotidiano pero más allá de las medidas gubernamentales o municipales, programas de apoyo juvenil o buena fe de asociaciones de DDHH, es necesario ver al mal desde su raíz, porque la solución no es cercarnos con rejas más estrechas o tener un resguardo policial más numeroso.
La lucha contra este flagelo debe verse paralelamente desde el punto de vista de la protección y la prevención esta ultima la base primordial para una seguridad ciudadana.
Planes estrictos de planificación familiar, orientación juvenil, incentivos sociales, talleres de estudio, becas, un adecuado plan de orientación del educando desde los colegios, revisión de nuestro marco jurídico para cortar las brechas que obstaculizan una buena legislación contra la criminalidad, reestructuración del sistema carcelario, en fin hay mucho por contemplar ante este mal que azota el desarrollo y tranquilidad de una nación.
Aunque drástico es una realidad de los países con gobiernos autoritarios donde la criminalidad es mínima, pero el precio para la población es demasiado alto, al tener restringidas sus libertades y derechos.
Podemos dar énfasis en la promulgación de valores desde la niñez materia prima protagonista de nuestro futuro, dándole la protección y prevención necesaria desde las distintas instituciones del estado.
Como dijo nuestro gran poeta Cesar Vallejo “hermanos hay mucho por hacer “
Señores del gobierno empecemos hoy, ahora, ya!
Sofía.





